Inteligencia Real Aplicada


Inteligencia Real Aplicada, Tecnología, Nueva Cultura y Patología II

Posted in ARTÍCULOS IRA por inteligenciarealaplicada en 22 julio 2013
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Las tecnologías relacionales nos permiten saber de un amigo que está a 9.000 kilómetros y tener respuesta sobre cómo es su vida de manera prácticamente inmediata, y sucede algo similar con las empresas, que pueden solucionar y ahorrar tiempo y dinero, hacer cosas que antes no eran posibles, que se demoraban mucho y que costaban muchísimo en viajes y hoteles. Todo esto es una clara ventaja tanto en asuntos particulares como empresariales, ya que se perdía el contacto en muchas ocasiones con ciertas personas importantes para nosotros, y las empresas había cosas que ni siquiera se planteaban hacer, mientras que ahora los temas On Line son su gran línea de negocio.

Social media application on digital devices

Pero aquí también estamos pagando una buena tasa con importantes daños personales.  Cada vez nos relacionamos menos realmente y tenemos más, por llamarlo de alguna manera, pseudorelaciones. El contacto es menos directo y de menor calidad, y este contacto es imprescindible, algo que necesitamos tanto socialmente como en la vida laboral. Nos hace sentirnos mejor, nos anima e ilusiona, no podemos olvidar la importancia del valor relacional afectivo, en nuestras relaciones vitales y en las de trabajo, que es una de las cosas que más nos aporta en la vida, y que sin esto, nuestro ánimo se ve claramente resentido. Son refuerzos emocionales de primera calidad para nuestra felicidad real, y sin embargo, no nos estamos dando cuenta ni a nivel individual ni colectivo porque nuestro programa inteligencia no se está enterando de que no es lo mismo ni suficiente.

Hay un creciente aislamiento personal que está haciendo que las personas se sientan más solas realmente. Es algo que cada vez vemos más en los despachos de psicología: las personas vienen con su estado de ánimo bajo y no saben qué les pasa ni cuál es el motivo, y es que pasan 8 horas en el trabajo con relaciones que solamente son productivas sin cuidar lo relacional afectivo, y otras tantas en casa con dispositivos tecnológicos, pero no tienen relaciones tangibles más que un poco de su tiempo laboral y no laboral. Demasiado pocas para que sea rentable para nuestra salud y nuestra felicidad. No hay afectividad, no hacemos cosas en común, no compartimos en directo, no olemos, palpamos, contactamos,…ni en un entorno ni en el otro, es un productivismo e individualismo que nos está pasando una factura muy alta sin que nuestro programa inteligencia se dé cuenta.

Pero también hay ya un porcentaje cada vez mayor de gente que no ha desarrollado o ha ido perdiendo las habilidades sociales directas; pueden ser muy buenos en las relaciones tecnológicas que son las de distancia, pero sólo en estas. Como todo, este tipo de aprendizajes, las directas, es algo que hay que entrenar de forma suficiente como para no olvidarlas, en el caso de que las hayamos aprendido, así como manejarlas y dominarlas adecuadamente, y que hay que aprender o reaprender y corregir en función del feedback cotidiano mediante su utilización. Cada vez nos entendemos peor en directo; somos más extraños, intolerantes, egoístas, inflexibles y menos habilidosos, lo que nos daña para poder tener grupos, conocidos, amigos, pareja con cierta soltura y estabilidad, y esto también baja el estado de ánimo y genera ansiedad por lo que el malestar está servido.

Otro de los problemas de Internet es la cantidad de información y la fiabilidad de la misma. Por un lado nos satura al ser demasiada, ingente, y por otro no nos permite distinguir entre datos verdaderos y falsos. Sucede lo mismo que con nuestro cerebro, es decir, no sabemos que es correcto realmente y que es incorrecto, no podemos discriminar adecuadamente y corremos el peligro de que lo que veamos no sea verdad de base y encima lo fijemos en nuestro software para luego aplicarlo, con lo cual se produce un gran problema, ya que además luego generalizamos y nos estrellaremos, pues muchas veces ciertos contenidos, al ser falsos, en lugar de ayudarnos nos facilitan dañarnos más de lo que pensamos. Es como si leyéramos que para la salud es bueno el tabaco y el alcohol, lo diéramos por cierto y lo aplicáramos con toda su intensidad, y además lo generalizáramos a otras drogas porque si unas son buenas, más serían mejor y acabaríamos destrozando nuestra vida.

Un problema más a añadir a los anteriores es crearnos una adicción, es decir, la necesidad de algo de forma imperativa, cada vez en mayor cantidad y con menor demora de los tiempos. Este problema está en pleno crecimiento, cada vez hay más número de personas enganchados a Internet, redes sociales,…, que están con ansiedad por llegar a casa o aislarse, algunos para poder meterse más cómodamente que en el móvil, o los que no pueden salir de su vivienda sin la tablet, o los que están constantemente dentro de una red social o varias, vigilándolas, contestando y no son capaces de hacer casi otras actividades, no son capaces de dejar de contestar aunque estén trabajando, o estudiando, o con amigos y ni siquiera durmiendo, con lo que interrumpen de forma constante estas actividades, no siendo capaces de establecer tiempos para cada una, o si son capaces, a estas de Internet le dedican excesivo tiempo como para tener una vida compensada y saludable.

Pero además esta tecnología nos está haciendo superverificadores y controladores, ya que nos facilitan estas funciones en cosas que no son para nada peligrosas, que es donde habría que serlo. Nos informa de si nos han llamado, cuando, desde dónde, de si lo hemos recibido, abierto, de si ha contestado a otros y no a mí,…generando suspicacias, conflictos y enfrentamientos; problemas sociales gratuitos que van desde tontos a realmente importantes en todos los ámbitos de nuestras relaciones sociales: laborales, amistosas, familiares, de pareja, con el vecino,…

Entonces, cuál sería la moraleja para las nuevas tecnologías y las telecomunicaciones con la inteligencia, intentando que esta sea Real y Aplicada, sin dejarnos llevar por sesgos en el pensamiento y los bloqueos en la acción, lo cual nos determinaría y quitaría tanto la libertad como la salud, y que pueden producirse por el programa cultural del momento y/o el patológico de cada uno.

Pues que, como cualquier cosa, tienen su parte positiva y negativa, por lo que tenemos que afinar al máximo nuestra inteligencia, para quedarnos con las buenas y no con las malas, intentar utilizar bien este programa, logrando discernir o discriminar lo mejor posible entre lo primordial y accesorio, principal y anecdótico, para utilizar inteligentemente estos nuevos y maravillosos avances, sin que se vuelvan en contra nuestra, y lejos de conseguir esto, que obtengamos lo contrario, y que en lugar de dar respuestas inteligentes y obtener buenos o muy buenos resultados, tengamos respuestas poco inteligentes y los resultados sean de malos a nefastos.

Fernando Huerta Moreno

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